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miércoles, 12 de junio de 2013

¿Recuerda cual fue la primera vez que fue al cine ?



Jacobo,Rosa y las nenas
Creo que sí.  No tanto porque supiera lo que veía, sino  por el clima, diría el misterio que la rodeó- Una noche mi padre llegó a casa y urgió a mi madre para que nos vistiera para salir. Eramos muy chicas y no nos aclararon de qué se trataba, salvo de ver una película. Tomamos un tranvía que nos llevó en un viaje larguísimo hacia un barrio desconocido. La película acababa de comenzar. Imágenes mudas, en blanco y negro muy contrastado -solo un comentario musical-, escenas desgarradoras y otras no tanto, la nieve, el frío, la injusticia, no se qué fue lo que más me golpeó. Años después me enteré que había visto “ La Madre , del realizador soviético Pudovkin. Unos años más, y empezaría para mí, el misterio de mi padre.

-       ¿ Cree que esas visiones tempranas pueden haber influido en su cine ?

Pienso que todo lo que uno recibe, lo bueno y lo malo,  influyen inconcientemente en la obra que se realice. Y está bien que sea así.
                                         
                                           
Estas observaciones se refieren a la primera infancia. ¿Cómo le fue en la escuela?                                                                                                                                     

 Con su hermanita menor en brazos de un tío

jueves, 23 de mayo de 2013

Esas observaciones se refieren a la primera infancia. Cómo le fue en la escuela?


  Me inscribieron en primero superior. El hecho de que supiera leer y escribir, sumar y restar, dio motivo a que me tomaran un “exámen de ingreso”. Cosa que me tomé muy en serio, no así las tres maestras que formaban la “mesa”, que reian todo el tiempo. De ese colegio el recuerdo es muy claro. El hecho de saber leer  bien y a primera vista, me dio ciertos privilegios. Mi maestra, la señorita Cruz, me hizo recitar en las fiestas patrias. Tenían además una costumbre. El último dia de la semana, en la última hora, se reunían todos en el patio y se hacía un acto. En primer lugar el coro cantaba algo enseñado por la profesora de música, luego alguna de las maestras o a veces la Directora , leían un discurso y finalmente yo decía algún poema de los que sabía de memoria.  Cuando se me acabaron, leía un fragmento literario elegido por ellas.  Todo eso, agregado al hecho de ser la más chica del colegio me llevó a una situación de favoritismo, compartido por todas las alumnas. Sin tener conciencia de eso yo me sentía muy feliz. Esto se prolongó durante tres años.  Luego nos mudamos a Villa del Parque y todo se transformó. En el nuevo colegio no me conocía nadie y no era favorita de nada.

No fui mala alumna. Buena en lectura y redacción, mediocre en matemáticas. El cambio debió haber sido difícil para mí. Pero sería injusto dejar de pensar que en ese primer colegio se sembraron las semillas de mi futura (buena o mala) formación. Tengo muchas anécdotas pero nos alejaríamos del motivo de esta entrevista.
Voy a tratar de evitar los detalles y circunscribirme a los pequeños hechos que pudieron haber determinado mis preferencias posteriores.
Sorpresivamente papá se enfermó. Fueron años de enfermedad. Algunos de ellos en la cama.  Un primo, que era un médico conocido, lo hizo ver por varios especialistas pero ninguno acertaba con lo que podía ser la causa de su enfermedad. Mi mamá consiguió un trabajo de cobranzas y salió a trabajar, yo cocinaba lo que ella me dejaba preparado para hacer, y cuando volvía almorzábamos. Yo estaba bastante orgullosa de la confianza que me tenían. Ya se empezó a hablar de que estaba desahuciado. Los días en que podía levantarse los usaba en un proyecto. Solicitó un crédito para comprar un terreno, ocupándose de que fuera en una zona alta de la ciudad,
Habló con un arquitecto amigo, recién recibido, quien se ocupó de diseñar  la casa y dirigir su construcción. Mi padre pensaba que, puesto que se iba a morir, quería dejar a su mujer y sus hijas en su propia casa. Incluso hizo construir al lado otro pequeño departamento para alquilar, cosa de poder pagar los impuestos. Nos mudamos, él pasó de una cama en la calle Cangallo, a otra en la calle Médanos, en Villa del Parque

-         Qué sucedió con su padre?

Lo operaron otra vez y, contra la opinión de todos, se curó.

Una vez instalados en Villa del Parque, mis padres se asociaron a una biblioteca que era a la vez un club. En los fondos había un galpón y dentro un pequeño escenario. Al poco tiempo mi padre estaba dirigiendo una obra y yo participando del grupo infantil que hacía teatro para niños. Al poco tiempo me pidieron que colaborara con la “puesta en escena”.  Una noche vinieron a mi casa un señor y una señorita y le pidieron a mi padre que me dejara participar en una obra para adultos, “La muerte Civil”, de Paolo Giacometti,  que necesitaba  una niña para completar el elenco. Mi padre aceptó, puesto que se trataba de un beneficio, y varias noches por semana me acompañaba  para ensayar, en el comedor de la casa de la protagonista, que vivía a pocas cuadras.  Poco después  vinieron dos señoras del Teatro Labardén, que habían oido hablar de nosotras, mi hermana y yo. Tenian  la intención de incorporarnos al elenco del teatro, que incluia una escuela de interpretación.
Mi padre,  sospechando profesionalismo, dijo que nó. Me enteré algunos años después por una infidencia de  mamá.
                               Escena de Ana Karenina  en la película Ese Loco Amor Loco                                        Influencia de las lecturas de autores rusos en los films de EVA L ANDECK

miércoles, 22 de mayo de 2013

Inicio de su contacto con la literatura

Cuando cumplí doce años mi madre me regalo dos novelas, una de Máximo Gorky y otra de Emilio Zola. Luego me llevó hasta el hermoso edificio de la Casa del Pueblo, en la calle Rivadavia, subimos la magnífica escalinata que conducía al primer piso y a la biblioteca, y me asoció. Y ahí sí, fue un resorte que ayudó  a dar forma a mi vida. Toda la cultura al alcance de mis manos. Creo que se puede entender la metáfora: “leer como una descosida” y a pesar de que me llamaban ojos de gato, empecé a usar anteojos por cansancio de la vista.
Mi adolescencia y gran parte de mi juventud fue signada por la lectura. Descubrí algunas cosas en mí, que eran una aparente novedad. Resulta que tenía medio oculto algo que se llamaba un imperativo categórico, una ideología aún informe,  pasiónes tal vez exageradas, una multitud de sentimientos encontrados que más de una vez juzgué absurdos, pero que me constituian.
Era inevitable que pensara en escribir.

Los Balcones de la primera casa familiar